Leyendas latinas en ruta a la primera boleta de Cooperstown

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David Ortiz

Cooperstown es la elite más exclusiva del deporte. Sólo unos pocos llegan al Salón de la Fama, y muchísimos menos lo hacen en el primer año de elegibilidad.

Salvando los errores crasos de los escritores, ser un ‘First ballot Hall-of-Famer’ es un honor reservado para los más grandes, aunque ciertamente, ha habido sus magnas equivocaciones. A nadie debe quedarle duda que Joe DiMaggio, Roberto Alomar y Vladimir Guerrero merecieron ser parte de esa elite, pero les tomó dos años, mientras que Juan Marichal tuvo un purgatorio de tres años para ser escogido en 1983. Al hombre que le da nombre al premio de mejor bateador designado le tomó 10 años.

El panameño Mariano Rivera no solo se convirtió en el quinto latinoamericano en ser seleccionado al Salón de la Fama en su primer intento, sino que creó una categoría de un solo miembro al ser el primero en lograrlo de forma unánime.

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¿Qué otros latinos se unirán a Rivera, a Iván Rodríguez, a Rod Carew, a Pedro Martínez y a Iván Rodríguez y entrarán a Cooperstown en su primera aparición en la boleta. Hay cuatro que deben haber asegurado sus pasaportes con sus ejecutorias incuestionables en el mejor béisbol del mundo.

Al lado de sus nombres está el año en que debe entrar en la papeleta o un estimado de su elegibilidad, pero desde ya, quizás se pueden ir adelantando unas cuantas placas.

Advertencia: Alrededor de Cooperstown hay muy pocas habitaciones disponibles durante esos fines de semana. Por lo que, hasta cierto punto, esto también se convierte en una guía para que vayan haciendo reservaciones.

David Ortiz (2022)

Si la votación fuera entre los fans de Boston, entre los que lo vieron acabar con la oposición en la Serie del Caribe, o entre sus pares latinoamericanos, entraría con el 100 por ciento. Es ‘Big Papi’, el que dijo «esta es nuestra j… ciudad» tras los ataques del Maratón de Boston en 2013, el que destrozó con su bate la maldición del Bambino y el que no solo le dio uno, sino tres títulos a los Medias Rojas con su liderazgo y su asombroso bateo oportuno. Pero el dominicano tendrá su boleto seguro al recinto de inmortales por sus números redondos: 541 jonrones, 1,768 impulsadas, 632 dobles, .553 de slugging y .931 de OPS. Y también por su promedio de .455, con tres jonrones y 14 remolcadas en esas inolvidables Series Mundiales. Y también porque es Big Papi, el querido Big Papi, el único pelotero de los Medias Rojas capaz de ir a abrazar fans en el centro de Manhattan. Su único punto en contra es que jugó la mayor parte de su carrera como bateador designado, pero la entrada de Edgar Martínez y Harold Baines le debe allanar el camino.

Adrián Beltré (2024)

El antesalista dominicano cerró su maravillosa carrera de 20 años con 3,166 hits, 636 dobles (undécimo de todos los tiempos) 477 jonrones, 1,524 anotadas y 1,707 remolcadas (24to entre los históricos). Para los sabermétricos, su WAR defensivo está en el Top 10 de todos los tiempos; para los románticos, se ganó el respeto de todos por su forma de jugar el juego, con respeto y clase, pero sin olvidar que es un juego. Fuera de los peloteros salpicados por los esteroides, cualquiera de las marcas redondas de hits y jonrones supone una entrada automática a Cooperstown en la primera boleta. Sus cinco guantes de oro y sus cuatro bates de plata son sólo el complemento de una carrera que ha sido un modelo de consistencia y durabilidad por 21 años.

Albert Pujols (2027)

Aún si se pasan por alto sus años con Angelinos y lo que le resta por cojear en su carrera, el dominicano es un seguro miembro del Salón de la Fama, más por el dominio que ejerció en su época que por la acumulación de números. En la historia de Las Mayores, es el único pelotero que ha producido al menos .300 de promedio, 30 jonrones y 100 empujadas en sus primeras 10 temporadas. Fue sin duda, el jugador más dominante de los años 2000, como lo indica que en sus primeros 11 años de carrera, estuvo entre los primeros diez en la votación de Jugador Más Valioso en todas, y lo ganó tres veces en la era de Barry Bonds. Un bateador de poder con promedio de bateo de .302 y de embasamiento de .382, que está entre los primeros 25 de la historia en slugging (.554) y que nunca se ha ponchado más de 100 veces en una campaña debe estar por arriba del 95 por ciento en su primera votación. Agrégale a esa fórmula los tres JMVs, dos campeonatos de Serie Mundial y sólo hay que contar cinco años después de la fecha de su retiro. En Los Angeles, las lesiones y la edad han frenado su paso, pero sus monstruosos años en San Luis (.328/.420/.617), con 445 jonrones y 1,323 en 11 años, y su WAR de por vida de 100.0 le garantizan la entrada a Cooperstown a la primera oportunidad. Ah, y también suma 632 jonrones, 639 dobles y 1,773 anotadas y 1,982 remolcadas hasta el momento.

Miguel Cabrera (2031)

El pronóstico del año se tomó considerando el último año de opción de su actual contrato de 2025. Hace unos años, Miguel Cabrera daba la impresión de que podía batear hasta los 50 años, pero de pronto una racha de lesiones en los últimos dos años podrían adelantar su fecha de retiro. Pero si se marchara hoy mismo, ya tiene los números para ser selección de primera papeleta. Para comenzar por algún lado, su promedio de bateo de .316 es el mejor desde el 2000 y el quinto mejor en la era de la expansión (desde 1961) detrás de Tony Gwynn (.338), Wade Boggs (.328), Rod Carew (.328) y Vladimir Guerrero (.317). Añádele un promedio de embasamiento de .395, slugging de .551, OPS de .961 y la posibilidad de subir sus 465 jonrones, 556 dobles, 1,388 anotadas y 1,635 remolcadas. Y redondea su caso con cuatro títulos de bateo, la primera Triple Corona en 50 años, dos premios de Jugador Más Valioso y siete bates de plata. El mejor bateador puro de esta generación debe llegar cinco años después de cuando decida guardar su prodigioso bate.

Por Hiram Martínez / ESPN Deportes

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